Murió Abimael Guzmán, cabecilla del grupo terrorista Sendero Luminoso

Sanguinario, despiadado, cruel. No hay un adjetivo preciso para calificar toda la maldad del cabecilla y fundador del grupo terrorista Sendero Luminoso, Manuel Rubén Abimael Guzmán Reynoso, quien falleció a los 86 años.

Responsable de la muerte de más de 30 mil peruanos, según la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Guzmán estaba recluido y cumplía cadena perpetua por terrorismo en el Centro de Reclusión de Máxima Seguridad de la Base Naval del Callao.

Captura

Alguna vez, fue el hombre más buscado del Perú. El sábado 12 de setiembre de 1992 fue capturado, junto a otros integrantes de su cúpula terrorista, en una residencia en Surquillo, en Lima, gracias a un operativo comandado por el Grupo Especial de Inteligencia, GEIN, de la Dirección Contra del Terrorismo de la Policía Nacional del Perú. Trece días después de esa captura, Guzmán fue presentado ante la prensa peruana e internacional enjaulado, vistiendo un traje a rayas y visiblemente derrotado, aunque gritando arengas.

Esa imagen representó el inicio de la pacificación del país y el final de una organización construida en torno al culto a la personalidad de su líder. Sus huestes lo llamaban Presidente Gonzalo y definían su pensamiento de izquierda extremista como “la cuarta espada del comunismo”, luego de Marx, Lenin y Mao. A él se le atribuye el diseño de los planes de asesinatos y masacres como parte de su estrategia armada contra el Estado y la sociedad.

El máximo responsable de tantas muertes y desapariciones, Abimael Guzmán, nació en Mollendo, en la provincia de Islay, en Arequipa, el 3 de diciembre de 1934. Estudió la secundaria en el colegio La Salle, en esa ciudad, y luego, en la Universidad Nacional de San Agustín, terminó el bachillerato de Derecho y Filosofía. En 1962, fue contratado como catedrático de Filosofía en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, en Ayacucho. Desde ahí, empezó su guerra contra el país.

La salud de Abimael Guzmán se había deteriorado en los últimos días. Fue atendido el 13 de julio por el Ministerio de Salud, ya que no quería ingerir alimentos. Se le hizo una ecografía y exámenes de sangre. El 17 de julio fue trasladado a un hospital, para ser monitoreado. La muerte de este terrorista, solo nos recuerda el dolor y la barbarie que vivimos los peruanos por más de veinte años. Tengamos memoria, para que no suceda nunca más.

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